La lluvia siempre me ha deprimido, especialmente si está acompañada de días grises. Acá en Bogotá llueve y es como si el cielo llorara. El frío se cuela por todas partes, el alma se apretuja. Los recuerdos asaltan, dejan un sinsabor si no son buenos.
Que llueva en Putumayo es otra cosa. El día se refresca, la noche arrulla e invita al descanso total. Se siente como si las gotas fueran tambores, como una danza alegre, una se moja inmediatamente, el agua escurre a borbotones, los techos resuenan una música en distintas tonalidades.
La lluvia de la selva va a torrentes, enérgica, alucinante. Moja el cuerpo pero refresca el alma. Llueve toda la noche acrecentando los ruidos de la noche. Los perros se cansan de ladrar, el viento juega con los árboles, el sueño vence las ganas de seguir la musica sin fin del aguacero. los relampagos rasgan la oscuridad, los truenos cortan el aliento. Al cabo de un rato, queda solo la lluvia, el deseo de dormir nos vence. El amanecer es limpio. Todo alrededor reverdece. la tierra húmeda apacigua el calor hacia el medio día. Los pájaros madrugan a cantar....
viernes, 23 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
