miércoles, 30 de septiembre de 2009
Volver a escribir
Me llamó la atención que mi amigo Enrique, el inca me dijera que habia leido mi blog. Lo tenia tan abandonado. Mis últimos escritos estan en mi computador. No los publiqué. Con Vera estamos entusiasmadas en darle nuevo aire a Tierra de Maiz, esa parcela de palabras y sueños que Vera ha cultivado con esmero por tantos años y que nos lo ofrece con tanta generosidad a varios amigos para que sembremos nuestros escritos.... creo necesario entonces, volver sobre palabras errantes, finalmente son palabras de caminante y ya vuelvo a echar a andar...
Camino al sur
hace un tiempo largo me dijeron que debia avanzar al norte y llegué a la sabana de Cundinamarca ( el centro, el ombligo del pais) y como los pajaros hice nido y estuve alli casi dos años entre el frio, el verdor del campo, el olor a boñiga de las vacas y caballos de mi hermano, entre los abrazos de mis sobrinos y el latir de los perros en la noche. Luego por comodidad anidé en Bogotá y de verdad me ha gustado mirar las noches estrelladas y la luna llena acostada en mi cama, en las tardes divisar los cerros de Bogotá y sentir la brisa del páramo. Caminar las calles esquivando las avenidas y el ruido de los carros, estudiar masaje chino y practicar chikung, conocer nueva gente y hacer nuevos amigos y amigas. Hoy se presenta la posibilidad de caminar nuevamente al sur. Pero mas allá del sur del pais es el sur del continente que me llama. He conocido un hijo de los incas. Tiene la serenidad de los indios, las historias inimaginables, la vehemencia del lider, el amor de mi mejor amiga, mi hermana Vera Andrea. He sentido el mismo impulso secreto en mitad del pecho que senti cuando el Taita Luciano se despidió de mi la semana pasada y me dijo: nos vemos en Mocoa, y así va a ocurrir, pues vuelvo a trabajar en Putumayo. Anoche el inca me ha dicho: "hace unos minutos te estoy viendo en el Cuzco". Creo en las corazonadas, yo tambien me veo caminar, el camino es largo y apenas comienza... el camino al sur, buscando mis raices, esas que el yage me mostró hace dos años, fuertes, entrelazadas, abrazando el corazón de la tierra que palpitaba, que me decia era el momento de aprender nuevas cosas, de ayudar a sanar gentes, aguas, ríos, montañas y sanarme también.
Volver al Putumayo...
Volver al Putumayo encierra muchas expectativas personales, recuerdos, afectos que se quedaron suspendidos en el tiempo, la posibilidad de acercarme distinto a esta tierra y sus gentes. Las mamas siguen alli, con sus huertos de medicinales, su paso lento, sus risas y su alegria a flor de piel, de esa piel arrugada por los años, el sol y las vivencias... volver, pero distinto, en espiral, con sentires y reflexiones acumuladas en estos casi tres años de recorrer otros caminos, conocer otras gentes, otras tierras, las mismas necesidades, la misma marginalidad, y que asombro, la misma capacidad de resistencia de nuestra gente, la misma calidez, campesinos, mestizos, e indigenas, jovenes, niños, ancianos y ancianas de mi pais.
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