sábado, 21 de noviembre de 2009

Ocasos rojos


Fantasticamente bellos los atardeceres en Palmira. No he encontrado otros similares en parte alguna. Talves por su color los ocasos en el llano. Pero en Palmira están pintados de azul y blanco, especialmente en verano. Luego esas tonalidades de arco iris increiblemente trazadas, las figuras que se forman recordando barcos, montañas, dioses y rostros.

Los arreboles pintados, la brisa del mar refrescando el ambiente, las palmeras moviendose seductoras. Las quemas de cañales botando humo a lo lejos.

El valle de desparrama, se dormita por el calor. El cauca avanza silencioso y contaminado, en medio de la caña y los pastizales. El atardecer se vuelve naranja y el llamado sol de los venados de las cinco y media da una claridad especial a la tarde como si volviera a empezar el día. Como el resplandor de una llama. Todo se ilumina y las garzas y los pájaros se refugian en los samanes y los guaduales. la temperatura baja y un frio seco se descuelga de la montaña.

El ocaso se muere. El naranja va oscurenciéndose.... llega la noche.