
Fantasticamente bellos los atardeceres en Palmira. No he encontrado otros similares en parte alguna. Talves por su color los ocasos en el llano. Pero en Palmira están pintados de azul y blanco, especialmente en verano. Luego esas tonalidades de arco iris increiblemente trazadas, las figuras que se forman recordando barcos, montañas, dioses y rostros.
Los arreboles pintados, la brisa del mar refrescando el ambiente, las palmeras moviendose seductoras. Las quemas de cañales botando humo a lo lejos.
El valle de desparrama, se dormita por el calor. El cauca avanza silencioso y contaminado, en medio de la caña y los pastizales. El atardecer se vuelve naranja y el llamado sol de los venados de las cinco y media da una claridad especial a la tarde como si volviera a empezar el día. Como el resplandor de una llama. Todo se ilumina y las garzas y los pájaros se refugian en los samanes y los guaduales. la temperatura baja y un frio seco se descuelga de la montaña.
El ocaso se muere. El naranja va oscurenciéndose.... llega la noche.
