domingo, 29 de noviembre de 2009

nieve negra


Cae incesante sobre los techos de las casas, los patios, ensucia la ropa tendida al sol, se cuela por las ventanas, se arremolina en el antejardin, tiñe de negro las flores, se mete por la nariz, pica en la garganta, se deposita en los pulmones y genera alergias y congestiones...

La nieve negra que nos dejan los ingenios, viaja por el aire tibio, asciende al cielo entre llamas rojas crujientes en los cañales, nos enferma.

A pesar de las protestas, los convenios de palabra entre el gobierno y los dueños de los ingenios, sigue nevando sobre mi pueblo, la nieve negra de la discordia, la nieve negra que hace toser y enferma, cae incesante la regalia del capital que se apoderó del valle hace años y arrinconó a los campesinos de la zona plana, los tugurizó en las ciudades intermedias, sigue contaminado el ambiente. Hasta cuando??

Foto licencia creative Commods de Andres Garzón: http://farm3.static.flickr.com/2174/2460164410_aae935e978.jpg

sábado, 21 de noviembre de 2009

Ocasos rojos


Fantasticamente bellos los atardeceres en Palmira. No he encontrado otros similares en parte alguna. Talves por su color los ocasos en el llano. Pero en Palmira están pintados de azul y blanco, especialmente en verano. Luego esas tonalidades de arco iris increiblemente trazadas, las figuras que se forman recordando barcos, montañas, dioses y rostros.

Los arreboles pintados, la brisa del mar refrescando el ambiente, las palmeras moviendose seductoras. Las quemas de cañales botando humo a lo lejos.

El valle de desparrama, se dormita por el calor. El cauca avanza silencioso y contaminado, en medio de la caña y los pastizales. El atardecer se vuelve naranja y el llamado sol de los venados de las cinco y media da una claridad especial a la tarde como si volviera a empezar el día. Como el resplandor de una llama. Todo se ilumina y las garzas y los pájaros se refugian en los samanes y los guaduales. la temperatura baja y un frio seco se descuelga de la montaña.

El ocaso se muere. El naranja va oscurenciéndose.... llega la noche.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Palmira ... donde nací


Palmira es una ciudad que ha crecido precipitadamente. Ahora sus calles son tan angostas que los trancones del tráfico resultan insoportables. A cambio de las numerosas bicicletas que nos daba un sello característico en mi adolescencia ahora surcan veloces las motos. De la tranquilidad del pueblo soleado con la brisa del mar que llega a las cinco de la tarde y que invitaba a sentarnos en el antejardín a ver los atardeceres rojos, ahora toca guardarse todo el tiempo por precausión de una bala perdida.

Las bandas y pandillas se han apoderado de la ciudad. De chicos, con mis hermanos podiamos ir de paseo a los ríos y quebradas vecinas, ahora mis sobrinos deben ir a los centros comerciales y contentarse con ver los ríos en animal planet.

La nieve negra que cae incansable sobre los tejados y patios y enferma los bronquios de niños y adultos es la regalía de los cañales. Mi familia y mi gente pasa la vida en medio de la violencia urbana y la contaminación. "la situa" está dura repiten todos. Los narcos andan de huida y por eso no circula el billete.

Los atardeceres siguen golpeando mi memoria, el olor enfuertado de la caña persigue mis recuerdos. Algo cambió inexorablemente. La mafia caló hasta los huesos, los carros no caben en la ciudad, el espiritu de mis antepasados tampoco. El pueblo se está quedando sin alma.

viernes, 23 de octubre de 2009

Aguaceros interminables

La lluvia siempre me ha deprimido, especialmente si está acompañada de días grises. Acá en Bogotá llueve y es como si el cielo llorara. El frío se cuela por todas partes, el alma se apretuja. Los recuerdos asaltan, dejan un sinsabor si no son buenos.
Que llueva en Putumayo es otra cosa. El día se refresca, la noche arrulla e invita al descanso total. Se siente como si las gotas fueran tambores, como una danza alegre, una se moja inmediatamente, el agua escurre a borbotones, los techos resuenan una música en distintas tonalidades.

La lluvia de la selva va a torrentes, enérgica, alucinante. Moja el cuerpo pero refresca el alma. Llueve toda la noche acrecentando los ruidos de la noche. Los perros se cansan de ladrar, el viento juega con los árboles, el sueño vence las ganas de seguir la musica sin fin del aguacero. los relampagos rasgan la oscuridad, los truenos cortan el aliento. Al cabo de un rato, queda solo la lluvia, el deseo de dormir nos vence. El amanecer es limpio. Todo alrededor reverdece. la tierra húmeda apacigua el calor hacia el medio día. Los pájaros madrugan a cantar....

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Volver a escribir

Me llamó la atención que mi amigo Enrique, el inca me dijera que habia leido mi blog. Lo tenia tan abandonado. Mis últimos escritos estan en mi computador. No los publiqué. Con Vera estamos entusiasmadas en darle nuevo aire a Tierra de Maiz, esa parcela de palabras y sueños que Vera ha cultivado con esmero por tantos años y que nos lo ofrece con tanta generosidad a varios amigos para que sembremos nuestros escritos.... creo necesario entonces, volver sobre palabras errantes, finalmente son palabras de caminante y ya vuelvo a echar a andar...

Camino al sur

hace un tiempo largo me dijeron que debia avanzar al norte y llegué a la sabana de Cundinamarca ( el centro, el ombligo del pais) y como los pajaros hice nido y estuve alli casi dos años entre el frio, el verdor del campo, el olor a boñiga de las vacas y caballos de mi hermano, entre los abrazos de mis sobrinos y el latir de los perros en la noche. Luego por comodidad anidé en Bogotá y de verdad me ha gustado mirar las noches estrelladas y la luna llena acostada en mi cama, en las tardes divisar los cerros de Bogotá y sentir la brisa del páramo. Caminar las calles esquivando las avenidas y el ruido de los carros, estudiar masaje chino y practicar chikung, conocer nueva gente y hacer nuevos amigos y amigas. Hoy se presenta la posibilidad de caminar nuevamente al sur. Pero mas allá del sur del pais es el sur del continente que me llama. He conocido un hijo de los incas. Tiene la serenidad de los indios, las historias inimaginables, la vehemencia del lider, el amor de mi mejor amiga, mi hermana Vera Andrea. He sentido el mismo impulso secreto en mitad del pecho que senti cuando el Taita Luciano se despidió de mi la semana pasada y me dijo: nos vemos en Mocoa, y así va a ocurrir, pues vuelvo a trabajar en Putumayo. Anoche el inca me ha dicho: "hace unos minutos te estoy viendo en el Cuzco". Creo en las corazonadas, yo tambien me veo caminar, el camino es largo y apenas comienza... el camino al sur, buscando mis raices, esas que el yage me mostró hace dos años, fuertes, entrelazadas, abrazando el corazón de la tierra que palpitaba, que me decia era el momento de aprender nuevas cosas, de ayudar a sanar gentes, aguas, ríos, montañas y sanarme también.

Volver al Putumayo...

Volver al Putumayo encierra muchas expectativas personales, recuerdos, afectos que se quedaron suspendidos en el tiempo, la posibilidad de acercarme distinto a esta tierra y sus gentes. Las mamas siguen alli, con sus huertos de medicinales, su paso lento, sus risas y su alegria a flor de piel, de esa piel arrugada por los años, el sol y las vivencias... volver, pero distinto, en espiral, con sentires y reflexiones acumuladas en estos casi tres años de recorrer otros caminos, conocer otras gentes, otras tierras, las mismas necesidades, la misma marginalidad, y que asombro, la misma capacidad de resistencia de nuestra gente, la misma calidez, campesinos, mestizos, e indigenas, jovenes, niños, ancianos y ancianas de mi pais.