lunes, 16 de abril de 2007

EL PIE DE MONTE AMAZÓNICO EXUBERANTE

Resulta en verdad gratificante llegar al Putumayo por tierra o por aire y sentir esa frescura y verde del piedemonte con su exuberancia, con su resistencia al paso arrasador de la colonización.

Aunque se observan claros grandes convertidos en potreros rodeados de monte espeso refugio de toda suerte de animales, pájaros, duendes y dueños de la montaña según los indígenas, es imponente la espesura de la selva andina descolgándose al piedemonte.

Ya en Mocoa el clima en invierno es fresco y frío en la noche y en verano pegajoso y sofocante. Está la ciudad rodeada de montañas espesas de monte como ejemplo vivo de que es posible una ciudad con cerros arborizados y no llenos de edificios imponentes al norte y casas de plástico al sur como ocurre en muchas ciudades colombianas. La retina cansada del viaje por la cordillera desnuda, ocre y amarillenta en tramos inmensos o del paisaje agreste y desértico del Huila, se obnubila con las distintas tonalidades de verde, de esa selva espesa surcada de ríos barrosos, serpenteando sin prisa por la llanura.

La ciudad es calmada, talvez el ritmo de indios ingas, y Kamtza que predominan en el área y que con su medicina tradicional, su cultura y sus saberes insisten en resistir el embate del modernismo que los despoja de sus tierras, potreriza sus selvas, silencia su lengua y anula el pensamiento, contaminándolo del egoísmo del blanco, de su codicia y su sentido de rey de reyes en el mundo, arrasando a su paso la naturaleza.

El Putumayo se resiste a perder la alegría, la esperanza y el paso tranquilo de sus gentes, a pesar de la guerra que se esconde tras los retenes, los soldados del plan Colombia de mirada dura y desgastada y los cascabeles amenazantes con sus cañones prestos a disparar la muerte a la orilla de la carretera entre Pitalito y Mocoa, o el susurro tímido de los habitantes ante el último combate, que cuentan el número de soldados y guerrilleros caídos inútilmente, en esta guerra inútil.
Putumayo sigue siendo un testigo de esa Colombia que se niega a ser arrasada por el modernismo, el narcotráfico y la guerra que el sistema actual ha puesto a jugar macabramente a hombres y mujeres del mismo pueblo, vistiendo el mismo camuflado pero con distinta insignia, ideología